CONDUCTA, EN LA REPUBLICA DE LOS PENDIENTES…

CONDUCTA, EN LA REPUBLICA DE LOS PENDIENTES...

CONDUCTA, EN LA REPUBLICA DE LOS PENDIENTES…..Es curioso como la gente pierde la brújula en temas cenitales. Por mucho que se tire y encoja acerca del largometraje cubano CONDUCTA, de Ernesto Daranas, no puede faltar ese transitar esencial que lo desmarca del bulto. Escribámoslo en primera instancia, CONDUCTA es una película cubana que rinde culto a la ley primera de la república: la dignidad plena del hombre. Y desde esa arista honesta en grado sumo es profundamente cubana y Martiana, no me cabe la menor duda.

CONDUCTA ha levantado revuelo, como suele suceder con los largometrajes cubanos, tan cercanos a la realidad, y desde hace algunos años, un poco más lejos de ese molde de comedia con dos escenas de sexo per capita, al que tanto estábamos acostumbrados en los años espléndidos de la epopeya socialista, sin haber llegado nunca a la delincuencia intelectual de sostener en medio de la filmografía un plan técnico económico, estilo establecido en la ex Unión Soviética.

Pero cuidado, porque los que nos vemos reflejados en la mala conducta que describe CONDUCTA nos identificamos en el marasmo de una sociedad sorda, que hace caso omiso de sus problemas plenamente identificados en todos los niveles. Y este es el resultado de la falta de honestidad, que impide el despegue de Cuba en la atmósfera enrarecida de cambios que se mueven hoy a escala global.

No hay sed de reforma en la agonía de las grietas. Y este concepto define la responsabilidad individual de combinar elocuentemente la verdad. Ernesto Daranas, un intelectual a la altura de los riesgos, resume en su película una hilaridad explicita y desmesurada, con accidentes propios en su narración, pero con el deseo de sobreponerse a la adversidad y ser fiel reflejo alcanzando escalas universales.

CONDUCTA no es pluma que acaricia. Es martillo que conmueve. La manera convincente de su descripción la hace depositaria de la responsabilidad documental que en términos cinematográficos denota escala mayor. Esta es una ficción tan bien ambientada que documentalisa los contextos y entramados de la sociedad cubana actual.

Pero CONDUCTA no sería nada sin las actuaciones de Alina Rodríguez y Armando Valdés Freire. Alina en su personaje de Carmela logra una interpretación diáfana y creíble, aunque permanezca anclada en el registro actoral de la “Mamá Justa” de “Tierra Brava,” la novela de Dora Alonso que se adjudicara Xiomara Blanco en su puesta televisiva.

El niño Armando Valdés Freire ha inscrito su nombre para siempre en la cinematografía nacional, su aparición es excepcional y contundente. Es de esos desempeños que empequeñecen al resto del elenco, a pesar de sus niveles y esfuerzos. Habrá que seguir de cerca este intérprete deseando que no sea genio de un solo personaje. Riesgos que se corren cuando a veces se es tan afín a la historia o cuando la aparición es temprana ante la vista de todos.

Son obvias las razones que desbordan el furor por CONDUCTA. En ella se expone una realidad conocida y a la vez negada, que tiene una connotación especial entre los cubanos, aunque este estandarizada continentalmente. Es la exposición de un deterioro educacional y social generado por la crisis perpetua de un modelo que se ha convertido en estático e inoperante.

Se trata de una historia bien contada pero No resuelta. El espectador queda a la espera de un conflicto final que no ocurre. Una espera anunciada que se dilata y no llega. Para algunos la necesaria reciprocidad que engendra la consagración y el esfuerzo. Para otros ese redondear un destino común desde una resolución argumental. Pero a pesar de ese vacío, en las secuencias finales, CONDUCTA es un nuevo escaño en la maduración de la carrera de Ernesto Daranas, quien esta vez balbucea una perfección que aún no consigue, pero que lo coloca por derecho propio en la atención de quienes seguimos con gusto los desempeños del cine cubano. Apenas ha salido al ruedo. CONDUCTA debe generar no pocas alegrías para sus creadores.

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