PANEQUE LAHENZ: EL LAUD COMO SENTIMIENTO…

PANEQUE LAHENZ: EL LAUD COMO SENTIMIENTO...

PANEQUE LAHENZ: EL LAUD COMO SENTIMIENTO..

La música de conciertos experimenta uno de los momentos más exclusivos de la historia. Cada día es más un lujo de las inmensas minorías. Su masificación es una consumada insensatez. Su distinción diseñada para taquillas adineradas una soberana injusticia. Su promoción integral es anquilosada y escasa. Resulta una verdadera osadía apostar por cualquiera de sus manifestaciones, sin embargo, no son pocos los que asumen el difícil reto.

Manuel Paneque Lahenz es uno de esos artistas y docentes empecinados. Su formación lo llevó a uno de los extremos de esta cadena alimenticia de los entramados musicales. Se identificó con el laúd, una de las variantes menos difundidas. Decir laúd es remontarnos a la Edad Media, ubicarnos en Europa con antesala en España. Es disfrutar de un sonido que logra una púa sobre las cuerdas.

Esta aventura tiene en Manuel Paneque Lahenz un artista genuino, que aunque conocedor y ejecutante de otros instrumentos no abandona al laúd en modo alguno. Fue el laúd quien lo llevó a una formación más que exigente en atención a la evolución de sus requisitos en el arte moderno. Y como era de esperar, aunque el laúd tiene muy bien escrita su historia, los cubanos siempre tenemos que hacer aportes. Debe ser por eso que el laúd cubano aunque con la misma apariencia que los españoles, tiene una afinación diferente.

Elevadas calificaciones le aportó a su laúd durante su más reciente estancia en Cuba el instrumentista Paneque Lahenz, quien se desempeña como artista y docente en Bogotá, Colombia, desde hace algunos años. Y es el que el viajero, sin apenas quitarse el polvo del camino y con las abultadas partituras en frente, estrenó “Ofelia” de la autoría de Ariadna Amador, como parte de un concierto organizado en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de La Habana.

“Ofelia” resultó ser un diálogo entre laúd y piano, protagonizado por Paneque Lahenz y su autora, un acontecimiento cultural de gran modernidad y altura. Con el armamento de la música antigua se singulariza una propuesta novedosa, que remite a pasajes distantes y cercanos a la vez, como para enaltecer los conceptos de la orquestación genuina, esa que coloca en planos sonoros dialogantes lo mejor de cada frase.

Como parte de sus conciertos en Cuba, la Casa de Iberoamérica de Holguín, fue sede de otro momento significativo en los primeros días de enero del año en curso. A solas con su laúd, Paneque Lahenz repasó buena parte de su repertorio en el que sobresalen otras dos piezas con las que convence al auditorio más exigente. La primera de ellas su versión sobre “ La Bella Cubana” de Jose White. La segunda su manera de hacer suya la “Entrada en Re Mayor” de Gaspar Sanz.

“La Bella Cubana” alcanza en su versión una dimensión más íntima y sentida, ese dulce tormento del amor, como sentimiento universal, se abre espacio entre nosotros dotado de un sentido criollo que es a la vez universal. La ejecución de la obra de Gaspar Sanz revela en gran medida la pasión de Paneque Lahenz por la docencia, al escucharla parece que se rinde culto a las “ Instrucciones de Música” que dejara para la eternidad el legendario maestro español que tanta influencia provocó en sus predecesores.

Un verdadero lujo poder contar con un artista de tan alta concentración de maestría y elegancia entre nosotros. Felicidades.

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