ME DECLARO VICTIMA DEL SANDINISMO…

ME DECLARO VICTIMA DEL SANDINISMO...

ME DECLARO VICTIMA DEL SANDINISMO… La primera vez que escuche decir el nombre de Nicaragua era muy niño como para entrar en reflexiones. Lo pronunciaba con orgullo un vecino taxista que todos decían que era un hombre con mucha suerte. Había sido escogido para cumplir una misión internacionalista en Managua. La ingenuidad de los 80 llevó a muchos a pensar que sería taxista en las calles de la capital de aquel desconocido país.

Cuando sus visitas a Cuba eran cada tres meses portando contenedores que incluían hasta los garrafones de ron que se consumirían en sus extensos festejos, las sospechas crecieron un poco, hasta que él mismo en medio de una borrachera de “Flor de Caña” contó a los cuatro vientos que se desempeñaba como chofer escolta del personal de la embajada cubana. Todos quedamos perplejos y orgullosos. Fue el primer diplomático que conocí en mi vida.
Años más tarde estudié en una escuela llamada Augusto César Sandino, que era visitada por delegaciones de Nicaragua frecuentemente. Para darle la bienvenida a los queridos visitantes teníamos un repertorio infalible. Tras explicar los logros educacionales de la Revolución Cubana, intercalábamos a manera de variedad un coro hablado con fragmentos de la biografía de Augusto César Sandino: EL HEROE DE NIQUINOHOMO. Como cierre, a falta de canciones inspiradas en Sandino interpretábamos una dedicada al Comandante Carlos Fonseca Amador. Instante maravilloso en el que el mismo coro hablado pasaba a ser un coro cantado. Los actuantes éramos los mismos. Estudiantes de buen rendimiento completamente desafinados. No recuerdo en aquella tropa un integrante que destacara en la música. Era más una gritería que una canción: “ Comandante Carlos, Carlos Fonseca/ cayacán vencedor de la muerte/ novio de la patria roja y negra/Nicaragua entera te grita presente”…Te grita, eso hacíamos: gritar.

Mi familia años más tarde recibió una sorpresa del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional). Eran tiempos en los que se estilaba regalar canastillas a los recién nacidos con motivo de fechas patrióticas. Correspondió a una prima querida la novedad. Fue la primera madre de la localidad en dar a luz el día del aniversario de la Revolución Sandinista. Obtendría todo, siempre y cuando cumpliera con una condición elemental. La nueva criatura debía llamarse como alguna de las figuras de esta Revolución Centroamericana. Y se llamó Dora María, en honor a una Comandante de la cual nunca supimos nada. Sólo se tenía el nombre. Se carecía de biografía. La canastilla era maltrecha, pero a caballo regalado no se le mira los dientes. La recién nacida y sus padres posaron para las páginas del periódico local siendo celebridades instantáneas.

En los caminos de mí formación literaria Nicaragua me provocó regaños. Pocos autores han causado en mí tanto impacto como Rubén Darío. Darío llegaba recomendado por José Martí de manera inferida. Ambos cabalgaron juntos por un modernismo que hizo nueva a la literatura de entonces y la de ahora y la de todos los tiempos. Todavía hoy puedo recitar de memoria los versos de SONATINA. Mi manera de elogiar a Darío era apasionada y rotunda, pero mi profesora de Literatura Hispanoamericana y del Caribe no sostenía el mismo criterio. Al presentarle oralmente mi exposición desmontando las maravillas de su estilo único de versificar su respuesta fue contundente. “Nunca Darío será un gran poeta alejado de la realidad social que ha vivido Nicaragua y que hoy se ve cambiada gracias a la Revolución Sandinista”, sentenció. “No tiene sentido cambiar la pobreza por castillos y princesas, en las calles está el pueblo, en los castillos la burguesía”. La pobre nunca entendió nada. No tenía idea del almanaque, eran miserias parecidas pero siglos diferentes. Por entonces guardé silencio. Hoy hago justicia.

Realmente Nicaragua ha sido una nación pobre y sufrida. La dictadura de Somoza representó para el mundo, en medio del esplendor de los dictadores latinoamericanos, una de las expresiones más anacrónicas del estilo dictatorial. Lo más parecido a Somoza en el continente era Trujillo. Carecía de ideología o estilo. La cosa era sencilla: atornillarse en el poder y saquear el país hasta dejarlo con anemia para siempre. Tacho Somoza inició su carrera política a la sombra de una intervención militar norteamericana. Primero fue traductor de los marines y luego oficial y Jefe de la Guardia Nacional creada por los ocupantes. Sus años de abusos necesitaban un cambio.

Tras la dictadura, el Frente Sandinista de Liberación Nacional se hizo de las riendas. Era una integración disímil. Militaban en sus filas desde liberales hasta Socialistas democráticos, forjados en distintas variantes del Marxismo, por lo que es obvio que después de años de poder entraran en pugna desde sus propias bases.

A pesar de las ayudas de Cuba; la falta de proyección de Daniel Ortega, y el estancamiento de su gestión, condicionó la pérdida del control acentuado con la crisis del bloque socialista europeo. Por lo que Nicaragua no regresó a las dictaduras, pero si le abrió las puertas a la extrema derecha, emparentada con el neoliberalismo ciego, que sirvió de poco a las naciones pobres. Desde entonces hasta la fecha están dando bandazos.

Los Somozas fueron apoyados durante 43 años por Estados Unidos. Una nueva amenaza se ciñe hoy sobre Nicaragua. Daniel Ortega, oxigenado y revivido, desea perpetuarse en el poder a la usanza de la vieja escuela.

La bancada sandinista en la Asamblea Nacional de Nicaragua abrió pasó definitivo a la reforma constitucional que permite al presidente Daniel Ortega ir a una reelección continua.
La modificación de la carta magna establece la reelección presidencial indefinida con la posibilidad de elegir al presidente en primera vuelta y con mayoría simple de votos, además faculta al mandatario para decretar leyes con Rango, Valor y Fuerza de Ley. La reforma fue aprobada con 64 votos en favor, 26 en contra.

Según los Sandinistas esta posibilidad de que en un país mande solo un hombre profundiza la democracia, la participación de la familia y de la comunidad en el quehacer político. Imagino se refieran a la familia Ortega, dueña de buena parte del país. Podría ser el inicio de una maestría para dictadores modernos. En casa del ciego el tuerto es rey.

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